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Dinámicas Familiares
Es difícil ser el Paciente
(It's Difficult Being the Care Receiver)

“Desde que me enfermé, todos han estado trayendo me cosas -- frazadas nuevas, regalos especiales, incluso un sofá nuevo. Estoy agradecido por todo esto, pero me fastidia. Me refiero a que, cuando vino la Navidad, recibí más frutas y dulces de los que podía comer. Fui de puerta en puerta aquí en mi edificio y dejé pequeños paquetes en la entrada de cada quién. Eso me hizo sentir bien. Por fin estaba del lado de los que dan. Eso es lo que extraño en mi vida. Desearía que tuviera más para dar a las personas. Decir “gracias” todo el tiempo te hace sentir mal.” Superviviente de Cáncer


Wendy Lustbader, autora de Confiando en la Bondad, es una Trabajadora Social con años de experiencia con Cuidadores y Pacientes. Ella afirma que recibir es mucho más difícil que dar; aunque esta verdad es pocas veces reconocida. Nadie se siente cómodo dependiendo de la bondad – incluso la bondad de un Cuidador familiar. Cuando estamos en deuda con alguien, estamos obligados a guardar silencio si tenemos alguna queja. Las personas dependientes a menudo no desean nada más que la forma de devolver a quienes les ayudan y restablecer un equilibrio de reciprocidad.

El que brinda la ayuda es más poderoso que el que la recibe. El reconocimiento absoluto de esta inigualdad es un alivio para aquellos que tienen que ocupar la posición de receptor. Ellos ya no tienen que aparentar estar contentos, y pueden insistir en las formas de pago en lugar de conformidad.

Las personas que deben favores a menudo hacen lo imposible por ocultar a quienes les ayudan sus necesidades insatisfechas. Las personas que deben favores a menudo tienen problemas para decir “gracias”, porque eso los obliga a admitir cuanto les ha sido dado. Enfrentar la total amplitud de su deuda es aterrador. Se preocupan por estar gastando demasiado rápido porciones de la buena voluntad de quienes les ayudan y que pronto estas reservas serán agotadas.


Esto puede ser también cierto para Cuidadores que no quieren sobrecargar a sus hijos u otros al pedir ayuda. Muchos jamás pedirán o pedirán hasta que estén desesperados, porque no quieren ser carga para otros. Puede ser que hayan pocas maneras de pagar su bondad.


Aceptar ayuda de otros y permitirles sentir que sus contribuciones son importantes tiene su propia generosidad. Haciendo eso, afirmamos el valor implícito de la buena voluntad y el hecho de que la amabilidad jamás se termina. Aquellos que proporcionan bondad pueden entonces aceptar consideración para sus propias necesidades sin sentirse culpables, y los acuerdos de ayuda pueden ser planificados hacia el objetivo de lograr un intercambio justo.